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19 sept 2012

Guerra a la pajita

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ECOTIP DE LA SEMANA

* ¡DIGAMOS NO A LAS PAJITAS! *


Hace muy poco nos cruzamos en Ecotips con una campaña que están llevando adelante un grupo de restaurantes en Londres para que los consumidores dejen de usar pajitas (o sorbetes). La campaña se llama “Straw Wars” (Guerras a la Pajita) y dice que si el consumidor rechaza bolsas de plástico y vasos descartables, que también debería decirle que NO a la pajita de plástico.

La realidad es que si nos ponemos a pensar seguramente más de la mitad de las veces que usamos pajita en realidad no la necesitamos. Es una costumbre y un simple hábito que podemos cambiar.

La propuesta de Straw Wars es la siguiente: o nos deshacemos por completo de las pajitas o solo entregamos pajitas cuando el consumidor lo pida. Que el hecho de que la bebida venga con una pajita no sea algo que se tome por sentado sino que sea una elección consciente.

¿Por qué? Porque billones de pajitas son desechadas cada año y de estás solo muy pocas llegan a reciclarse. La mayoría termina en basurales o contaminando los océanos y ríos. Como el plástico no puede biodegradarse, dura para siempre… se va partiendo en pedazos cada más chicos y se filtra en la cadena alimenticia pudiendo terminar, potencialmente, en nuestro plato. Además, cada año por lo menos 1 millón de aves marinas y 100.000 mamíferos y tortugas marinas mueren al quedarse enredados o al ingerir desechos plásticos. 





Sabemos que hay causas más grandes y más importantes que ésta, causas que tienen un mayor impacto, pero cuando leemos esto nos damos cuenta de que los pequeños cambios también pesan. La sumatoria de todas estas actitudes nos va formando una conciencia ecológica que de a poco va dándose cuenta sola de las cosas que hay que cambiar. Y eso es increíble. Les proponemos entonces sumarse a esta iniciativa y compartirlo con todos sus conocidos!

¡Hagámosle la guerra a la pajita y protejamos el medio ambiente!

Más info en Straw Wars y I Hate Plastic Straws, de Surfrider Foundation San Francisco.
Fuente: Good.

12 sept 2012

Consumo Colaborativo

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ECOTIP DE LA SEMANA
* CONSUMO COLABORATIVO *
- COLLABORATIVE CONSUMPTION –

Esta semana les queremos acercar en Ecotips un concepto muy interesante que surgió hace relativamente poco pero que fue catalogado en la revista inglesa Times como “una de las 10 ideas que van a cambiar el mundo”: el consumo colaborativo.

Primero, vamos a la definición: el término consumo colaborativo se refiere a la “rápida explosión de las prácticas tradicionales de compartir, trocar, prestar, intercambiar, alquilar y regalar, reinventadas a través de las nuevas tecnologías en una escala y en formas que nunca habían sido posibles”.

El término surge a raíz de uno de los fenómenos más interesantes que se están dando dentro del movimiento verde en los últimos años: el nacimiento y expansión de diferentes formas de acceder a productos y servicios que no involucran la compra de los mismos. Servicios de alquiler de autos, ropa y objetos de todo tipo, trueque de persona a persona, préstamos temporales y el regalo de cosas en desuso, por medio de redes digitales y páginas web que están apuntando hacia un nuevo tipo de sociedad colaborativa por medio de la conexión y la tecnología. Es decir, que el consumo colaborativo propone consumir sin gastar.

¿Para qué comprar un taladro si solo necesito hacer un agujero en la pared? ¿Para qué ir a un hotel si alguien me puede prestar su sillón? ¿Para qué comprarme una camisa nueva si alguien tiene una que no necesita?

Estas prácticas de intercambio de bienes y servicios sin necesidad de dinero vienen de la antigüedad. Pero con la aparición del capitalismo, el dinero y el paradigma de la acumulación, se fueron perdiendo. Hoy están siendo rescatadas y potenciadas con las posibilidades que abre internet.

La socióloga norteamericana Rachel Botsman fue quien ideó el concepto en su libro “What's Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption” (“Lo que es mío es tuyo: el crecimiento del consumo colaborativo”). Ella sostiene que “el consumo colaborativo modifica la forma en que hacemos negocios y reinventamos no sólo lo que consumimos, sino también la forma en que consumimos”. Esta nueva forma se basa, entre otras cosas, en la confianza en los extraños.

Algunos ejemplos de plataformas exitosas basadas en la economía de compartir son el servicio de alquiler de auto Zipcar, en el que las personas alquilan autos a otras personas que no los usan por horas. El sitio Ecomodo ofrece la posibilidad de tomar prestado un objeto de otra persona por unos días. Otros sitios como Swap.com permiten intercambiar un objeto por otro con personas que tienen cosas en desuso. Y como éstos, hay miles de nuevos ejemplos cada día.

En Argentina el concepto es nuevo pero cada vez tiene más adeptos. Hay un sitio que se llama Gratiferia: la gente va, deja lo que no usa y los que necesitan se lo llevan sin más vueltas. Además, en Facebook existe un grupo que se llama “Alguien tiene??? ... yo tengo”. No es para compra ni venta ni trueque. Es simplemente para pedir cosas que se necesitan y quien tiene ganas de deshacerse de ellas nos las entrega gratuitamente.

A nivel ecológico, el compartir, regalar, intercambiar y/o trocar objetos evita la producción de otros nuevos, lo cual termina reduciendo el impacto que tienen sobre el medio ambiente. Y además, reduce significativamente la cantidad de objetos que terminan en los tachos de basura y por consecuencia, en rellenos sanitarios o en los océanos.

¿Cómo podés ser parte de este interesante movimiento? Es simple: cada vez que necesites algo, empezá por pensar la forma de conseguirlo prestado de algún contacto o alquilarlo, y buscá la forma de hacer circular tus objetos que no usas.

“Cuando me desprendo de lo que tengo, recibo lo que necesito”
 (Tao Te King)

Les dejamos un video -en inglés- para que puedan verlo de manera más gráfica y un video de Rachel Bosman en la Tedx donde explica bien el concepto.





3 sept 2012

Slow Food


ECOTIP DE LA SEMANA
* SLOW FOOD *


Señoras y Señores.. con ustedes: SLOW FOOD! Una organización no-gubernamental internacional de origen italiano que viene a salvaguardar el placer de comer y cocinar en el siglo del fast food y la comida industrial que homogeniza y estandariza los productos y los sabores.

Cuenta la historia que Slow Food nació de manera espontánea en Roma cuando McDonald’s quiso instalarse en plena Plaza España. Carlo Petrini, su fundador, formalizó el movimiento allá por el año 1989 y desde allí se fue extendiendo a otros países del mundo. Hoy tiene presencia en más de 100 países, incluída la Argentina.

Slow Food tiene muchas cosas lindas en su filosofía: presevar la biodiversidad, incentivar la buena gastronomía y propiciar la educación de los sentidos para disfrutar de la riqueza de los aromas y sabores. Reivindica el sentarse a cocinar y comer en familia o con amigos, y disfrutar del alimento.

Muchos estarán pensando que todo muy lindo pero ¿qué tiene que ver Slow Food con la ecología? Bueno, en realidad, todo. Y para empezar a explicárselos vamos a contarles las tres características que don Petrini cree que tiene que tener todo alimento: tiene que ser BUENO, LIMPIO y JUSTO.

BUENO se refiere a la calidad del producto, que sea organolépticamente rico, que tenga gusto, que sea nutritivo. LIMPIO se refiere a que sea sostenible con el medio ambiente, que no contamine, ni derroche ni sobreutilice recursos naturales, que no reduzca la biodiversidad, que no empobrezca los suelos y que respete bienestar animal y nuestra salud. Y JUSTO se refiere a serlo con los trabajadores que los producen y con su trabajo.

Porque somos lo que comemos y porque tenemos que tomar conciencia de toda la complejidad que rodea al alimento, Slow Food nos propone un nuevo acercamiento al simple acto de comer. Un acercamiento que tenga en cuenta que el alimento es nuestra fuente de bienestar y que por eso tiene que mejorar nuestra calidad de vida y permitir que las generaciones futuras también lo puedan seguir haciendo.

Algunos puntos de la filosofía Slow:

- NO a los transgénicos.
- SI a los orgánicos.
- NO a los agroquímicos.
- NO al monocultivo
- SI a la variedad biológica.
- NO a los métodos de producción intensiva.
- SI a respetar los procesos de producción del medio ambiente.
- NO a la globalización del gusto.
- SI a las recetas y saberes ancestrales.
- SI al conocimiento de las comunidades originarias.

Si te gusta lo que leíste y tenés ganas de saber más podés entrar a la página de Slow Food Buenos Aires Norte haciendo click acá o a su blog, haciendo click acá. Ponete en contacto para enterarte de todas las actividades y cenas que realizan.